Cuando te mete la primera patada, no te lo crees.
Cuando te mete la segunda, sigues perdonando.
Cuando te mete la tercera, pones mala cara.
Cuando te mete la cuarta, te quejas.
Cuando te mete la quinta, te rebelas.
Cuando te mete la sexta, te deprimes.
Cuando te mete la séptima, la añoras.
Cuando te mete la octava, intentas olvidar.
Cuando te mete la novena, te das cuenta de que es imposible.
Cuando te mete la décima, te ves atado.
Cuando te mete la undécima, eres un esclavo.
Pero cuando esa zorra de mierda vuelve a meterte la duodécima patada en los cojones, yo creo que va siendo hora de espabilar... ¿no crees?